Las ventanas suelen ser el punto más débil de una construcción durante los huracanes, ya que están directamente expuestas a la presión del viento, los escombros que salen disparados y la entrada de agua. A diferencia de las paredes macizas, las aberturas acristaladas dependen del vidrio, los marcos y los sellos para resistir las fuerzas externas, lo que las hace particularmente vulnerables en condiciones climáticas extremas.
Cuando una ventana se rompe durante una tormenta, el viento y la lluvia pueden entrar rápidamente al interior del edificio. Esto puede causar daños por agua en acabados, muebles y sistemas mecánicos, y también puede generar presión interna que afecte el funcionamiento de puertas, paredes y techos. En casos graves, una sola abertura rota puede provocar daños progresivos en toda la estructura del edificio.
Para proyectos residenciales, comerciales y multifamiliares en zonas costeras, es fundamental especificar ventanas resistentes a impactos con acristalamiento certificado, marcos de aluminio robustos y un sellado fiable. Los constructores y contratistas deben evaluar no solo la estética, sino también la capacidad de carga de viento, la estanqueidad, la resistencia a impactos y el cumplimiento de las normativas de construcción locales. Proteger las ventanas suele ser una de las maneras más rentables de reducir los daños causados por tormentas.